Las oraciones que te acompañan durante semana santa

Ya hemos hablado de la importancia de la semana santa, el poder energético que simboliza y nos invade durante los días santos, ahora te voy a proporcionar las oraciones que te acompañan durante semana santa y no deben faltar en tu hogar para potenciar este tiempo de recogimiento.

Vivir la semana santa y orar es acompañar a el sacrificio de Jesús y arrepentirnos por nuestros pecados, para que ellos puedan ser perdonados. Te voy a proporcionar las oraciones que no te pueden faltar estos días:

Oración para el jueves santo:

“Señor, Te has sentado a la mesa de la eterna fiesta de la fraternidad. Sabes muy bien lo que hay dentro de cada uno de nosotros, tus invitados. Por eso Tú, que en tu angustia ante la muerte clamaste a Dios y, sufriendo, aprendiste a obedecer, has querido hacer tuyas las pasiones y sufrimientos humanos. Has derrotado a la muerte derrotando la iniquidad y la injusticia.. Te compadeces tanto de nuestras debilidades, que quieres quedarte para siempre con nosotros y así poder echarnos una mano cuando sea necesario. Te has convertido para los que obedecen a Dios en autor de salvación. Y nuestra salvación, Señor, es quererte y amarte.

Te has sentado a la mesa, y has invitado como comensal a todo el mundo. Se acabó la negativa a compartir; la división entre los hermanos no tiene sentido ya; el desprecio por los pobres se convierte en acogida y servicio al lavarles los pies con gestos reales de entrega radical. Sí, te has sentado a la mesa y nos dices de corazón que has deseado enormemente comer esta comida pascual con nosotros, antes de padecer. Consciente de que había llegado tu hora, Jesús, habiéndonos amado, nos amaste hasta el extremo. Y ya tienes un pan en la mano, que bendices y nos repartes, animándonos a que lo comamos porque es tu cuerpo. Y sin haber podido salir aún de nuestro asombro, has llenado la copa de vino y nos la pasas también para que bebamos, porque es tu sangre. Y que te vas, pero que cada vez que nos reunamos y repitamos este gesto del pan y del vino, Tú estarás á nuestro lado para que podamos anunciar al mundo tu muerte y resurrección.

Cristo maravilloso, gracias por enseñamos a descubrir al hermano, a tender la mano, a presentar la otra mejilla, a compartir pan y hogar. Gracias por ese poco de pan en tus manos y ese vaso de vino, con los que nos dices cómo se vence el pecado, el hambre, la muerte. Que ahora nosotros continuemos tu lucha para que todo hombre y mujer sean queridos y respetados, para que a nadie le sea negado el pan y el trabajo, para que los niños puedan reír ilusionados. Sí, continuaremos tu lucha para que nadie se enriquezca con el trabajo de los demás y para que nadie tenga miedo de nadie.

En la última cena, Jesús, nos dijiste con tu propia vida entregada a la muerte, que lo único que vale es el amor a los hermanos, hasta ser capaces de dar la vida por ellos. “Quien pierde su vida, la gana para siempre”. Hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de toda la humanidad, tomas el pan y dices: Tomen y coman, esto es mi cuerpo. Coges después la copa, y añades: Tomen y beban, porque esa es mi sangre. Por favor, nos suplica Jesús, hagan siempre y donde estén lo que acabo de hacer.

Gracias, Padre Dios, por tanto amor. Gracias, Jesús, porque en la última cena inventaste la misa; porque el Jueves Santo nos enseñaste a servir. Gracias, Jesús, porque incluso llamaste amigo al traidor Judas; porque nos diste un Mandamiento Nuevo; porque nos has dado un corazón parecido al tuyo”

Oración para el viernes santo

“Ante ti, oh cruz, aprendo lo que el mundo me esconde: que la vida, sin sacrificio, no tiene valor y que la sabiduría, sin tu ciencia, es incompleta Eres, oh cruz, un libro en el que siempre se encuentra una sólida respuesta.

Eres fortaleza que invita a seguir adelante a sacar pecho ante situaciones inciertas y a ofrecer, el hombro y el rostro, por una humanidad mendiga y necesitada de amor.

Ahí te vemos, oh Cristo, abierto en tu costado y derramando, hasta el último instante, sangre de tu sangre hasta la última gota para que nunca a este mundo que vivimos nos falte una transfusión de tu gracia un hálito de tu ternura de tu presencia una palabra que nos incite a levantar nuestra cabeza hacia lo alto.

En ti, oh cruz, contemplamos la humildad en extremo la obediencia y el silencio confiado la fortaleza y la paciencia del Siervo doliente la comprensión de Aquel que es incomprendido el perdón de Aquel que es ajusticiado. En ti, oh cruz, el misterio es iluminado aunque, en ti, Jesús siga siendo un misterio.”

Oración para el sábado santo

“Sepultado el Señor, sellaron la piedra y pusieron la guardia para custodiarlo”. Se alejó nuestro Pastor, fuente de agua viva. Un gran silencio envuelve la tierra, una gran soledad. Duerme y descansa en paz, Jesús Nazareno. Dios, tu defensor, va a restituirte el honor que los hombres te arrebataron; mañana su falsedad y engaño quedarán al descubierto. Estás ahora acostado en el lecho de la tierra; duerme y descansa en paz, que mañana Dios te despertará para que amanezca la alegría de tu corazón vivo, rompiendo la piedra del sepulcro, y te muestres vencedor ante los hermanos.

Tu Señor y nuestro Dios te hará vivir tranquilo. Descansa en paz y duerme ahora. Pon tu suerte en esas manos, no vacilarás. Que tu carne descanse serena hasta la alborada. Y mañana… enséñanos a todos el sendero de la vida; llénanos con tu presencia de alegría para siempre. Pero ahora, duerme y descansa en paz. Permitamos que tu Padre prepare la gran fiesta de mañana, porque Tú, Salvador nuestro, ya has destruido el poder del enemigo. Nosotros procuraremos lavar un poco más el corazón, preparándolo para recibirte y escuchar tu voz. Mañana… tómanos de la mano a todos, levántanos, dinos: “Despiértense, los que duermen, levántense de entre los muertos, que yo seré vuestra luz”. Que tu sueño, Señor, nos saque del sueño del abismo.

Junto a tu cruz y tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa, participando en tu aflicción: haz que tu pueblo, nosotros, sepamos acompañarla. Y como Tú, grano que caíste en la tierra para morir y dar fruto, como Tú, también nosotros sepamos morir al pecado y vivir para Dios. Que siguiéndote a ti, caminemos siempre en una vida nueva. Cambia nuestro luto en danza; muda nuestro traje de presidarios y vístenos de fiesta. Volvamos al Señor; que Él nos sane, que Él nos vende, que Él nos resucite. A precio de la sangre de Cristo hemos sido rescatados. “Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre “.

¡Aleluya! En esta noche comienza nuestra nueva vida. El Señor resurge de la tierra, convertida en sepulcro. Dios preserva a su Inocente, Dios protege a su Humillado, Dios libera a su Hijo asesinado. Triunfa la inocencia que eres, Jesús; triunfa tu vida. Sí, triunfas, surges, eres luz, vives. Esta Resurrección tuya es un acontecimiento concedido a la comunidad para la alegría y el gozo. Los cristianos estamos despiertos ESPERANDO en medio de la noche consagrada al sueño. Tenemos un deseo enorme de encontrarnos cuanto antes contigo, Jesús resucitado. Esta es una noche iluminada por el DIA: Cristo vive. Nuestro hombre viejo ha muerto en nosotros; hemos llegado a la orilla de la libertad. Cristo, vives; nosotros también vivimos contigo. La tumba que era tu prisión, se abre y sales resucitado.

Pero este hecho de la resurrección es gracia para nosotros, sola y exclusivamente gracia. Tienes Tú que salir al encuentro de tus desolados y desconsolados discípulos, para que podamos reconocerte y adorarte. Vas delante en el camino; vas para encontrarte con los tuyos. Sólo a partir de este encuentro contigo podemos construir caminos que sean signos de vida y esperanza. Dios te ha acompañado a ti, Jesús, durante toda tu carrera. Ahora Tú nos acompañarás con tu resurrección, que se convertirá para nosotros en el primer día de una nueva creación, de una historia diferente. “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”. ¡Ahí, pero ésta va a ser una experiencia de fe: te verán y experimentarán resucitado sólo los que crean.

Vives, Señor, no estás muerto. Vives en Dios, tu Padre. Vives en cada uno de los que te aman y siguen tu camino. Vives, Señor. Vives en la justicia y en la bondad de todos los justos de la tierra. ¡Vives, no estás muerto! La vida no se puede matar; la vida es más fuerte que la muerte. Tu muerte, Jesús, es el triunfo sobre todos los que matan. Enséñanos a proteger y cultivar contigo la vida, ofreciendo a todos en nuestras manos bondad, pan y ternura. ¡Vives, Señor, no estás muerto! Queremos ser testigos de Alguien que vive”

Domingo de resurrección

Y cuando huía desesperanzado, me hiciste volver sobre mis pasos. “¡Es verdad: ha resucitado el Señor!”. Me hiciste volver jubiloso al grupo de mis hermanos, para unirme de nuevo a ellos y celebrar todos juntos la alegría de la pascua: celebrar tu presencia, Señor, entre nosotros. Porque sigues bendiciendo el pan, partiéndolo, dándote a ti mismo y siendo el centro de nuestra comunidad, que contigo resucita.

Son la vida, la fraternidad y la esperanza lo que celebramos. Otra vez la vida, la inocencia, la verdad, la luz. Tu pascua es una manera nueva de ver, abrazar y construir el mundo; una manera nueva de hacer la historia desde la luz siempre nueva y recién hecha del día supremo de tu Resurrección. Sí, que el Amor y la Vida sean la última palabra en el libro de la historia de todos los pueblos de la tierra, porque no hemos nacido para el odio.

Hoy es el sagrado día de pascua en que Jesús venciendo a la muerte volvió a la vida para que nosotros tuviéramos VIDA en abundancia.

Como corresponde a una familia cristiana, imploremos la bendición divina. sobre nuestra familia y nuestra casa (digamos después de cada invocación)

Bendícenos Señor porque somos tus hijos” Porque con la resurrección de Jesús venciste la muerte para siempre. Porque sellaste una alianza de amor con todo tu pueblo. Porque nos liberaste de la esclavitud del pecado.

Porque nos diste la gracia de ser una familia cristiana. Porque prometiste a quienes te son fieles bendecir a los hijos de sus hijos. Porque nos das la oportunidad de renovar nuestras vidas en esta pascua. Porque nos permites ganar nuestro pan y nos colmas de tus bienes.

Porque nos reanimas con tu ayuda en medio de las dificultades. Porque un día nos reunirás con los seres queridos en la mesa celestial. Jesús resucitó! Amén”

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